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VILLARRUEL ARMA PODER PROPIO MIENTRAS MILEI CONTINÚA EN CAÍDA LIBRE

La consolidación de un espacio propio refleja que la crisis no es solamente económica o de gestión, sino también de conducción política

VILLARRUEL ARMA PODER PROPIO MIENTRAS MILEI CONTINÚA EN CAÍDA LIBRE

La consolidación de un espacio propio refleja que la crisis no es solamente económica o de gestión, sino también de conducción política

La aparente unidad de Javier Milei y Victoria Villarruel vuelve a mostrar señales de fractura. En medio de una caída sostenida de la imagen presidencial y crecientes tensiones dentro de La Libertad Avanza, la vicepresidenta comenzó a consolidar un armado político propio en la Provincia de Buenos Aires, incorporando dirigentes desplazados o marginados por el núcleo duro mileísta.

El movimiento no parece casual. Mientras el oficialismo intenta sostener un discurso antisistema, las disputas internas exponen las contradicciones de un espacio que llegó al poder prometiendo “terminar con la casta”, pero rápidamente reprodujo prácticas tradicionales de concentración política y purgas internas.

La estrategia de Villarruel apunta a diferenciarse no sólo de Manuel Adorni, uno de los principales defensores del relato oficial, sino también del círculo más cerrado del Presidente. La vicepresidenta busca mostrarse como una dirigente con estructura, diálogo territorial y capacidad de construcción política, atributos que Milei desestimó durante la campaña pero que hoy parecen imprescindibles para sostener gobernabilidad.

En la Provincia de Buenos Aires —territorio históricamente complejo para los libertarios— Villarruel comenzó a acercar a sectores desencantados de LLA, especialmente a dirigentes que quedaron afuera del reparto de poder o que cuestionan el verticalismo del armado nacional. La movida deja entrever una disputa silenciosa por el liderazgo futuro del espacio.

El dato político más delicado para el Gobierno es que esta interna emerge en un contexto económico y social cada vez más adverso. La caída del consumo, el ajuste fiscal y el deterioro del poder adquisitivo empiezan a impactar en la imagen presidencial. En ese escenario, las diferencias internas ya no pueden ocultarse detrás del discurso confrontativo que caracterizó a Milei desde su irrupción política.

La construcción de Villarruel también interpela a un sector del electorado libertario que esperaba una renovación política, pero observa cómo el oficialismo se fragmenta en disputas de poder similares a las de los partidos tradicionales que criticaba. La “anti casta” parece haber descubierto rápidamente la lógica clásica de la política argentina: acumulación territorial, lealtades internas y supervivencia electoral.

Aunque desde el Gobierno intentan minimizar las tensiones, la consolidación de un espacio propio por parte de la Vicepresidenta refleja que la crisis no es solamente económica o de gestión, sino también de conducción política. Y cuando los liderazgos empiezan a resquebrajarse tan temprano, el costo suele pagarse en gobernabilidad.

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