
"Perdón por haber militando esta crueldad"
El grito de una fiel en Luján qué desnuda el fracaso social del gobierno de Milei
La 52° Peregrinación Juvenil a Luján no fue solo una demostración de fe. Fue el espejo brutal de la Argentina real, esa que el relato oficial del gobierno de Javier Milei intenta ocultar con planillas de Excel y discursos de odio. Y en ese espejo, una voz quebrada lo dijo todo.
Natalia, vecina de Luján, se plantó frente a las cámaras este domingo 4 de octubre, a metros de la Basílica colmada por miles de peregrinos que caminaron bajo la lluvia desde Liniers, y lanzó una confesión que es, al mismo tiempo, una denuncia política demoledora:
"Quiero pedirle perdón a toda la Argentina porque yo fui militante de este partido. No sé por qué. Me arrepiento de corazón. Perdónenme porque yo milité para esta crueldad, que no sabía que iba a ser así."
No es una opositora de siempre. Es una votante arrepentida. Una de las miles que creyeron en la promesa de la motosierra contra la casta y hoy ven como la motosierra les pasó por encima a sus familias, a sus negocios y a su propia dignidad.
Natalia habló por su madre, cuyo comercio se fundió en estos meses. Habló por sus hijos, que van a la escuela pública, esa que el Gobierno desfinancia. Habló por los discapacitados que cobran miseria, por los enfermos sin remedios, por la salud pública desmantelada. Habló de lo que ve todos los días y que el poder niega:
"Veo a chicos comiendo de la basura, gente durmiendo en la calle y pidiendo trabajo para poder comer. Nadie me lo cuenta, lo veo yo en la calle, así que no me van a poder decir que es mentira."
Su testimonio no es aislado. Es la postal cotidiana de un país con estrés emocional tremendo, donde, como ella misma dijo, "el hambre y el frío duelen".
Mientras esto pasaba en la calle, adentro de la Basílica, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, daba la estocada más dura al discurso oficial en lo que va del año. Sin nombrar a Milei, lo desnudó por completo.
"Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes: abrazos de perdón ante tanta descalificación e insulto; abrazos solidarios ante tanta indiferencia", lanzó en su homilía. Y remató: "Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal ya supuran y parece que se está infectando el corazón del pueblo argentino."
García Cuerva habló de terminar con los discursos de odio. Habló de que en la peregrinación "no hay grietas ideológicas ni exclusiones" y que "cuando nos descubrimos caminantes de un mismo pueblo no le damos lugar al individualismo". Cada frase fue un dardo directo a una gestión que hizo del insulto, la crueldad y el sálvese quien pueda su única política de Estado.
La lección de Luján es clara y es política: la gente ya no aguanta más. La fe sigue intacta, pero la paciencia con un modelo que genera más pobres, más gente en la calle y más negocios fundidos, se agotó.
Natalia lo resumió con una frase que debería retumbar en la Casa Rosada: "Deseo que la gente reaccione, se levante y vea a la gente que la está pasando mal. No pensé que iba a pasar esto con este gobierno y quiero que se vayan".
Es el arrepentimiento de una militante. Es el principio del fin del relato.