
PAMI: entre el ajuste y el abandono
Una tragedia social que golpea a los jubilados
La última sesión del Honorable Concejo Deliberante de Luján dejó al descubierto una realidad dolorosa y alarmante: el deterioro del PAMI ya no puede describirse solamente como una crisis administrativa o financiera. Lo que hoy viven miles de jubilados y pensionados se parece cada vez más a un proceso sistemático de abandono social, donde el ajuste económico se traduce en sufrimiento humano, enfermedades agravadas y una creciente pérdida de derechos básicos.
Los testimonios escuchados en el recinto fueron contundentes. Trabajadores del organismo, profesionales de la salud y representantes de centros de jubilados coincidieron en un diagnóstico estremecedor: la situación es crítica y las consecuencias ya son visibles en la vida cotidiana de miles de adultos mayores.
La frase pronunciada por la ex jefa local del organismo, Laura Lagouarde, sintetiza con crudeza el escenario actual: “Hoy la gente está destrozada”.
Y no se trata de una exageración política ni de un slogan opositor. Los hechos expuestos durante la sesión hablan por sí solos.
Medicamentos que dejaron de entregarse gratuitamente. Demoras interminables para conseguir turnos médicos. Pacientes oncológicos esperando estudios o tratamientos. Prótesis frenadas. Sillas de ruedas y camas ortopédicas que no llegan. Pañales distribuidos mediante sistemas privatizados que fracasan en garantizar cobertura. Médicos de cabecera cobrando honorarios miserables. Trabajadores despedidos. Paritarias congeladas.
Detrás de cada recorte hay una persona concreta. Un jubilado que debe elegir entre comer o medicarse. Una mujer mayor que pasa meses aguardando un especialista. Un adulto postrado que no recibe los elementos indispensables para su recuperación. Familias enteras que terminan recurriendo al sistema municipal porque el PAMI ya no responde.
Lo más grave es que el ajuste parece haberse naturalizado bajo una lógica cruel donde todo se mide en términos de costo fiscal y no de dignidad humana. Pero el PAMI no es un gasto innecesario: es una herramienta esencial de protección social construida durante décadas para garantizar una vejez digna.
Cuando el Estado reduce derechos en áreas tan sensibles como la salud de los adultos mayores, las consecuencias no son abstractas. Se traducen en enfermedades que avanzan, tratamientos que se interrumpen y vidas que se deterioran silenciosamente.
Por eso muchos comienzan a hablar de un verdadero “genocidio social” contra los jubilados. Tal vez el término incomode, pero resulta imposible ignorar que miles de personas mayores están siendo empujadas a una situación de vulnerabilidad extrema en nombre del equilibrio fiscal.
El gobierno nacional sostiene que el ajuste es necesario para ordenar las cuentas públicas. Sin embargo, surge una pregunta inevitable: ¿puede considerarse exitoso un modelo económico que alcanza sus metas recortando medicamentos, prestaciones médicas y asistencia básica a quienes trabajaron toda su vida?
En Luján el problema adquiere además una dimensión local preocupante. Son más de 16 mil afiliados afectados y un sistema municipal de salud que comienza a absorber una demanda creciente producto del vaciamiento del PAMI. Es decir, el ajuste no desaparece el problema: simplemente traslada la crisis hacia hospitales y centros de salud que también funcionan con recursos limitados.
La exposición realizada en el Concejo Deliberante dejó otra evidencia preocupante: muchas prestaciones solo se obtienen mediante amparos judiciales. En otras palabras, acceder a un derecho depende cada vez más de tener recursos económicos, asesoramiento legal y capacidad para litigar. La salud deja así de ser universal para convertirse en un privilegio.
Mientras tanto, los jubilados continúan siendo la variable de ajuste más fácil. Son quienes menos capacidad de protesta tienen, quienes viven con ingresos fijos y quienes padecen con mayor dureza la inflación y el deterioro sanitario.
La sociedad no debería acostumbrarse a esta situación. Porque detrás de cada estadística hay personas que construyeron el país, trabajaron durante décadas y hoy enfrentan el abandono cuando más necesitan contención.
Lo ocurrido en el Concejo Deliberante de Luján debería servir como una señal de alarma colectiva. El deterioro del PAMI no es solamente un problema de los jubilados. Es una discusión sobre qué tipo de sociedad se quiere construir y cuánto vale la vida de quienes envejecen.
Una comunidad que abandona a sus mayores termina perdiendo también su propia humanidad.