
El centro de la ciudad y el barrio Sarmiento sufren un nuevo corte de energía. Detrás del escueto comunicado oficial de la Cooperativa Eléctrica, se esconde la bronca de los vecinos y comerciantes que exigen inversiones reales, no parches de emergencia.
“Personal de la Cooperativa está recorriendo el alimentador para encontrar la falla”.
La frase, extraída del último aviso que la Cooperativa Eléctrica de Luján difundió de manera casi rutinaria, sintetiza una realidad que colma la paciencia de los usuarios: la imprevisión como norma. Una vez más, el centro de Luján y parte del barrio Sarmiento se quedaron sin luz, y la respuesta oficial vuelve a ser el voluntarismo de los operarios antes que la certeza de un servicio moderno y eficiente.
A nadie le escapa el esfuerzo del personal de cuadrilla que, a contrarreloj y bajo presión, trabaja en la cámara de la calle Lavalle para devolver el suministro. Ellos no son el problema. El foco de la crítica debe ponerse sobre las decisiones dirigenciales y la falta de un plan de contingencia estructural.
Que a esta altura del partido se deba salir a "recorrer" las líneas para "encontrar" dónde está el problema evidencia el atraso tecnológico y la falta de sensores que permitan el diagnóstico remoto e inmediato.
Mientras la Cooperativa redacta sus breves comunicados en redes sociales, el impacto real se mide en las calles. En pleno centro comercial, los negocios debieron bajar las persianas, perder ventas y rezar para no romper la cadena de frío de sus mercaderías.
Familias enteras, electrodependientes y adultos mayores del barrio Sarmiento privados de un servicio esencial por el que pagan tarifas cada vez más elevadas.
Respuestas, no avisos:
La Cooperativa Eléctrica de Luján suele ampararse en el desgaste de las redes o en factores externos. Sin embargo, los usuarios no compran energía a plazos ni con excusas; la pagan mes a mes con aumentos que duelen.
Encontrar la falla en la cámara de Lavalle resolverá la urgencia de hoy. Pero lo que Luján necesita de manera urgente es que se resuelva la falla de fondo: la falta de inversión transparente que transforme nuestro sistema eléctrico en un servicio previsible y digno de este siglo. Los vecinos ya no quieren saber qué alimentador están recorriendo; quieren, simplemente, que la luz no se vuelva a cortar.