
Los aumentos de junio
La ficción del 2,6% : cuando el relato oficial choca contra el bolsillo real.
El relato económico del gobierno suele regodearse en las planillas de Excel. Con el último dato del INDEC que ubicó la inflación de abril en un aparente "moderado" 2,6%, los discursos oficiales se apresuran a dictar el éxito de un plan de estabilización que, aseguran, está domando los precios. Sin embargo, basta levantar la mirada de los gráficos oficiales y observar el calendario que arranca hoy, 1° de junio, para entender que la realidad de la calle indexa a otra velocidad y con otra crueldad.
A partir de hoy, la clase media y los sectores trabajadores se enfrentan a una nueva y asfixiante ola de aumentos que desarma cualquier intento de ahorro y pulveriza el poder adquisitivo. Lo peligroso no es solo el incremento en sí, sino los perversos mecanismos de indexación mensual y las cláusulas contractuales convalidadas por el propio Estado, que permiten a las empresas ajustar por encima de la inflación pasada, transformando la mentada "desaceleración" en una trampa estacional.
Mientras el discurso oficial celebra un 2,6%, los servicios básicos regulados y autorizados por el Gobierno aumentan en junio hasta casi el doble de ese valor. La inflación baja en los atriles, pero sube en las ventanillas de cobro.
Para muestra, basta analizar la radiografía del golpe al bolsillo que entra en vigencia este lunes:
1. El transporte como un bien de lujo:
Viajar para trabajar o estudiar se ha vuelto un costo prohibitivo. El gobierno nacional y las jurisdicciones provinciales acaban de convalidar una suba de entre el 4,6% y el 4,8% en colectivos y subtes para el AMBA (una fórmula que mañosamente suma el IPC y los costos operativos). En la provincia de Buenos Aires, el boleto mínimo ya perforó la barrera de los mil pesos, situándose en $1.015,06. Si a esto le sumamos el subte a $1.558,54 y el nuevo zarpazo del 2% programado para mitad de mes (15 de junio) en las 104 líneas nacionales, el presupuesto en transporte se convierte en un segundo alquiler para miles de familias lujanenses y del conurbano que deben viajar diariamente a la Capital.
2. Salud y Educación: la clase media, acorralada:
El retiro del Estado en la regulación de mercados sensibles vuelve a golpear la calidad de vida. Las prepagas, mediante el nuevo sistema obligatorio de la Superintendencia de Servicios de Salud, vuelven a ajustar hasta un 2,9% (caso Omint), acumulando un incremento que ya roza el 30% en la comparación interanual.
Por el lado de la educación, los ministerios provinciales firmaron sin pestañear los permisos para que los colegios privados trasladen sus costos a las familias. Las cuotas en la Provincia suben entre un 4% y un 5%. Quienes pretenden mantener a sus hijos en el sistema privado o sostener su cobertura médica de salud se encuentran atrapados en un cuello de botella donde los salarios no tienen cláusula de indexación automática, pero las corporaciones sí.
3. La trampa automotor, circular cuesta el triple:
Tener un auto ya no es sinónimo de comodidad, sino de castigo financiero. El gobierno de la Ciudad autorizó una suba del 4,6% en los peajes (Autopista 25 de Mayo y Perito Moreno a $4.518,33 en hora común y $6.403,21 en hora pico). Pero el verdadero escándalo de junio se lo lleva la Verificación Técnica Vehicular (VTV) en la Provincia de Buenos Aires: con un costo final con IVA y oblea que trepa a los $96.968 para autos particulares y $36.469 para motos, cumplir con la ley se ha vuelto un desembolso confiscatorio.
La distancia entre el índice y la heladera:
El gran desacierto de la gestión actual es creer que la inflación es solo un promedio macroeconómico. Un 2,6% general puede sonar idílico en las conferencias de prensa, pero cuando los componentes fijos e ineludibles de la canasta familiar —el boleto para ir a la fábrica, la cuota del colegio, la cobertura médica y la tarifa para circular— aumentan a un ritmo que duplica ese índice, la brecha social se agiganta.
Junio expone la crudeza de un modelo donde los precios de los servicios esenciales gozan de total libertad para proteger sus márgenes de ganancia, mientras los ingresos de los ciudadanos de a pie siguen atados a la libre voluntad de un mercado laboral deprimido. Al final del día, las cuentas cierran en el Ministerio de Economía, pero las heladeras se vacían en los hogares de Luján.