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La Libertad para manipular : Milei y el auge de los canallas en la era del sálvese quien pueda

Editorial de Jorge Romani.

La Libertad para manipular : Milei y el auge de los canallas en la era del sálvese quien pueda

Editorial de Jorge Romani.

🔴LA "LIBERTAD" PARA MANIPULAR: Milei y el auge de los canallas en la era del sálvese quien pueda

Editorial Jorge Romani 

Javier Milei cumple 56 años. No es un cumpleaños más. Es el cumpleaños del hombre que hizo de la palabra "libertad" su marca, su bandera y su fetiche.

Pero ¿de qué libertad hablamos?

La psicoanalista Andrea E. Homene define al canalla de una manera precisa y perturbadora: es aquel que, advertido de la inexistencia del Otro, garante de la verdad o de la ley, no atraviesa esa falta con angustia o responsabilidad, sino que trata de colocarse él mismo en el lugar de ese Otro, con el objeto de manipular a los demás.

Esa definición le calza a Milei como un traje a medida.

El canalla, dice Homene, no es alguien que no distinga el bien del mal: por el contrario, lo hace a la perfección, y a la vez, ejerce el mal de manera voluntaria y deliberada. Anhela dañar, y no escatima esfuerzos para alcanzar su objetivo. No experimenta culpa alguna, no necesita argumentar para justificar sus actos, no se ampara en aspectos ideológicos; su único motor, su único impulso, es su propio goce.

Milei entendió antes que nadie que vivíamos en una era huérfana de garantías. Donde la política tradicional ya no podía prometer verdad ni ley, él no propuso reconstruirla. Se propuso ocuparla. Colocarse él mismo como el Otro absoluto. Como el único que dice la verdad. Como el único que tiene la ley del mercado, la ley moral, la ley divina.

Y desde ese lugar, manipular.

Su perversión, en términos clínicos, es clara: se ofrece como instrumento del goce del Otro, anhela tapar su falta, montando una escena o fetiche cuyo objetivo último es angustiar al otro, al parteneire. Su fetiche es la motosierra. Su escena es la humillación pública del adversario. Su ley, como dice Homene, es gozar.

La perversión está regida por la renegación de la castración. Milei reniega de todo límite: del límite del Estado, del límite de la empatía, del límite del lenguaje. Todo debe ser gozado, cortado, destruido, sin resto.

No hay culpa en su discurso cuando se ataca a un jubilado, a un docente, a un enfermo que no puede comprar remedios. No hay argumentación, solo goce. El goce de dañar y mostrarlo.

En su cumpleaños 56, el Presidente no celebra solo un año más de vida. Celebra la consagración de ese modelo: el auge del canalla en la era del "sálvese quien pueda", donde la libertad dejó de ser un proyecto colectivo para convertirse en el permiso absoluto para manipular al otro hasta angustiado.

Esa es su libertad.

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