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El Muro de los Lamentos y el Llanto de la Indiferencia

Editorial: Jorge Romani

El Muro de los Lamentos y el Llanto de la Indiferencia

Editorial: Jorge Romani

La imagen del Presidente Javier Milei, conmovido hasta las lágrimas frente al Muro de los Lamentos en Jerusalén, ha recorrido el mundo como una postal de fe personal y alineación geopolítica. Sin embargo, para millones de argentinos que observan la escena desde un país en ruinas, el sollozo presidencial se siente ajeno, distante y, fundamentalmente, desconectado de la tragedia cotidiana que habita en suelo propio.

​Una espiritualidad de exportación

​Resulta paradójico que un mandatario que hace gala de una sensibilidad extrema en tierras extranjeras, mantenga una frialdad tecnocrática ante el desmoronamiento del tejido social en Argentina. Mientras Milei busca consuelo en el Muro, los jubilados argentinos buscan consuelo en farmacias donde ya no pueden costear sus medicamentos, enfrentando un sistema que les ha soltado la mano.

​Las deudas que el "ajuste" no explica

​La política del "no hay plata" ha mutado en una desidia que ya no solo afecta el bolsillo, sino la vida misma:

​Salud en coma: El recorte en programas vitales como el Remediar y la interrupción en la entrega de drogas oncológicas para pacientes de cáncer no son simples ajustes fiscales; son sentencias de abandono.

​Hambre estructural: En un país que produce alimentos para cientos de millones, los reportes de familias consumiendo carne de burro o salteando comidas para que sus hijos puedan ingerir algo de alimento son una herida abierta. El dato de que 8 de cada 10 familias han reducido su ingesta diaria es una estadística que debería estremecer a cualquier líder.

​Hospitales y Trabajo: El cierre de centros de salud y la parálisis de la obra pública han generado un efecto dominó de desempleo que empuja a más argentinos debajo de la línea de indigencia.

​El peso de la investidura

​Llorar por cuestiones de fe o por la historia de otros pueblos es un acto humano respetable en la esfera privada. Pero en la esfera pública, el llanto de un Presidente debe ser por su gente.

​El verdadero "Muro de los Lamentos" hoy está en las colas de los comedores populares, en las guardias vaciadas de los hospitales públicos y en las casas de los abuelos que deben elegir entre comer o medicarse.

​Argentina no necesita un místico en gira internacional; necesita un jefe de Estado que se conmueva por el hambre de sus niños y la desesperación de sus enfermos. El llanto en Jerusalén será recordado como una imagen de devoción, pero el silencio ante el sufrimiento local será recordado como una deuda moral histórica.

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