INFORMACION GENERAL Escuchar artículo

Cuando se trata de esconder la "Inseguridad" debajo de la alfombra

Editorial: Jorge Romani

Cuando se trata de esconder la "Inseguridad" debajo de la alfombra

Editorial: Jorge Romani

Una vez más, Luján amaneció envuelta en rumores, versiones cruzadas y un preocupante silencio oficial. La noche del domingo dejó escenas de tensión, patrulleros circulando a alta velocidad, enfrentamientos en distintos barrios, personas aprehendidas y vecinos aterrados sin saber realmente qué estaba ocurriendo. Pero quizás lo más alarmante no haya sido únicamente la violencia de los hechos, sino la falta absoluta de información clara por parte de quienes tienen la responsabilidad de garantizar seguridad y transparencia.

Cuando la inseguridad golpea fuerte y el miedo gana las calles, el Estado debería aparecer con respuestas, datos concretos y conducción política. Sin embargo, en Luján parece repetirse un mecanismo cada vez más habitual: minimizar, ocultar o directamente esconder debajo de la alfombra situaciones que exponen el deterioro del sistema de seguridad.

Los episodios ocurridos en los barrios El Quinto y Ameghino son una muestra evidente de ello. Hasta hoy no existe un parte oficial detallado de la Policía Bonaerense que explique qué sucedió realmente. No se informaron direcciones exactas, motivos de los procedimientos, identidades de los involucrados ni circunstancias precisas de los enfrentamientos. Apenas trascendieron versiones extraoficiales y declaraciones parciales que dejaron más dudas que certezas.

Mientras tanto, los vecinos observaban móviles policiales circular en contramano, frenadas bruscas y un despliegue que parecía responder a una situación de extrema gravedad. Sin embargo, la ciudadanía debió reconstruir los hechos a través de comentarios, mensajes de WhatsApp y publicaciones informales. En cualquier ciudad donde exista una política seria de seguridad, eso debería ser inadmisible.

La explicación que surgió desde algunos sectores policiales resulta todavía más preocupante: gran parte de los procedimientos habrían sido encabezados por efectivos de la llamada Policía Municipal y la Guardia Urbana, fuerzas que nuevamente quedan bajo cuestionamiento por su preparación para intervenir en escenarios conflictivos.

La pregunta inevitable es si Luján está improvisando en materia de seguridad. Porque cuando agentes sin formación adecuada intervienen en situaciones de tensión social o violencia, el riesgo aumenta para todos: para los propios efectivos y también para los vecinos.

El silencio oficial tampoco ayuda. El Sub Secretario de Protección Ciudadana, Gabriel Jurina minimizólos hechos , y sostuvo no contar con información oficial suficiente para brindar precisiones. Resulta difícil comprender cómo el segundo  máximo responsable político del área de seguridad municipal no dispone de datos concretos sobre uno de los episodios más tensos de los últimos meses en la ciudad.

Pero el problema no termina allí.

Mientras las autoridades intentaban bajar el tono de los incidentes, la inseguridad cotidiana siguió golpeando en distintos barrios. Robos de vehículos en pleno centro, motochorros atacando violentamente a trabajadores, viviendas desvalijadas, delincuentes robando medidores de gas y luz durante la madrugada y vecinos denunciando que ya viven con miedo permanente.

El caso del joven brutalmente golpeado por motochorros en Alsina e Ituzaingó refleja el nivel de violencia con el que actúan los delincuentes. Ya no se trata solamente de robos: hay agresiones salvajes, impunidad y una sensación creciente de desprotección.

A esto se suma otro dato alarmante: vecinos que intentan denunciar hechos delictivos aseguran que son derivados a realizar trámites por internet. En un contexto donde los delitos se multiplican, la burocracia y la falta de atención presencial terminan generando aún más abandono e impotencia.

La circulación de imágenes de detenidos dentro de una dependencia policial agrega otro capítulo preocupante. Fotografías tomadas aparentemente dentro de la Comisaría Luján Primera comenzaron a viralizarse rápidamente por WhatsApp. Otra vez: informalidad, filtraciones y ausencia de comunicación institucional seria.

La inseguridad no desaparece porque no se informe. Tampoco se resuelve ocultando datos o administrando silencios. Muy por el contrario: cuando el Estado deja espacios vacíos de información, esos espacios se llenan de miedo, rumores y desconfianza social.

Luján atraviesa un momento delicado en materia de seguridad y los vecinos lo perciben todos los días. Los robos ya no distinguen barrios ni horarios. La violencia crece. Y mientras tanto, desde algunos sectores políticos parece existir mayor preocupación por controlar el impacto mediático que por explicar qué está ocurriendo realmente.

Porque cuando se trata de esconder la inseguridad debajo de la alfombra, el problema no desaparece: simplemente se acumula.

Volver arriba