A una semana de la trágica muerte Parada Robles sigue de Luto
Carta abierta por Donato Arce.
CARTA ABIERTA POR DONATO ARCE
A quienes leen estas palabras:
Escribimos con el corazón roto, con un dolor que no tiene nombre ni consuelo.
Escribimos porque el silencio también mata, y porque no queremos que la muerte de nuestro padre, Donato Arce, quede reducida a una estadística más.
Donato no era un número.
Era un vecino querido, un hombre trabajador, presente, solidario.
Era papá. Era compañero. Era familia.
Era esa persona que muchos conocieron por su saludo amable, por su respeto, por su forma sencilla de transitar la vida.
El día en que lo perdimos, Donato circulaba correctamente por una ruta de doble mano, en su Fiat 600. Detrás de él íbamos nosotros. Lo vimos todo. Vimos cómo un vehículo que venía a altísima velocidad se cruzó de carril. Vimos cómo nuestro padre intentó frenar al advertir el peligro. Vimos el impacto. Y vimos lo que nunca nadie debería ver: el cuerpo de un ser querido sin vida sobre el asfalto.
Nuestro papá murió en el acto.
Su cuerpo quedó a decenas de metros del lugar del choque.
Esa imagen nos va a acompañar para siempre.
Además del dolor irreparable de su muerte, nosotros también resultamos heridos. Golpes, cortes, puntos, hematomas. Pero ninguna lesión física se compara con el trauma de presenciar cómo la vida de nuestro padre se apagaba frente a nuestros ojos.
Desde ese día, nuestras vidas no volvieron a ser las mismas.
Tres hijos quedaron sin padre.
Una mujer perdió a su compañero de vida.
Una familia quedó devastada.
Hoy escribimos porque sentimos la necesidad de pedir algo muy simple y muy profundo a la vez: justicia.
Justicia real.
Justicia sin privilegios.
Justicia sin apellidos pesados.
Justicia sin silencios incómodos.
El conductor involucrado en este hecho se llama Sandro Noriega, de 22 años de edad. Las circunstancias que rodean el siniestro son gravísimas y están siendo investigadas: la velocidad excesiva, la invasión de carril, y elementos hallados en el lugar que indicarían que no estaba en condiciones de conducir. Todo eso deberá ser esclarecido por la Justicia, como corresponde.
Lo que no puede pasar es que el poder, las influencias o los vínculos políticos tapen una muerte.
Lo que no puede pasar es que se minimice lo ocurrido.
Lo que no puede pasar es que la vida de Donato valga menos que un apellido o un cargo.
No buscamos venganza.
Buscamos verdad.
Buscamos que se investigue a fondo.
Buscamos que se asuman responsabilidades.
Buscamos que nadie más muera por la imprudencia de otro.
Agradecemos profundamente a los vecinos que se acercaron, que escribieron, que recordaron a Donato con cariño. Sus palabras nos sostienen en medio de este dolor inmenso. Saber que nuestro papá fue querido y respetado nos da fuerzas para seguir.
Por él.
Por nosotros.
Por todos.
Que su muerte no quede impune.
Que su nombre no sea olvidado.
Que la justicia llegue.
Donato Arce, presente. Siempre.