
A 44 años del día que la fe desafió la guerra
La histórica e inolvidable visita de Juan Pablo II a Luján
🔴A 44 AÑOS DEL DÍA QUE LA FE DESAFIÓ LA GUERRA
A 44 años de la histórica e inolvidable visita de Juan Pablo II a Luján
En medio del dolor por el conflicto de Malvinas, el Sumo Pontífice protagonizó una histórica jornada de paz. Su llegada en el tren presidencial y el improvisado e inédito viaje de regreso en un "bondi" de línea quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva.
Especial por Redacción de Luján Contacto Directo
En las postrimerías de un invierno que se adelantaba con frío, lluvia y dolor, el 11 de junio de 1982 quedó marcado a fuego en la historia argentina. Mientras el país contenía el aliento por la intensificación del ataque final británico en las Islas Malvinas y parte de la sociedad miraba de reojo el inminente debut de la selección de fútbol en el Mundial de España, una marea humana paralizó el conurbano bonaerense. Karol Wojtyla, el papa Juan Pablo II, llegaba al país en una visita relámpago de apenas 31 horas.
El viaje, organizado en un tiempo récord sin precedentes, nació como una respuesta pastoral y diplomática a su reciente visita a Gran Bretaña. El Sumo Pontífice llegó con una misión clara, sembrar esperanza en una nación herida. Frente al dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, en el mismo aeropuerto de Ezeiza, el Papa pronunció 39 veces la palabra "paz".
Pero el epicentro espiritual de aquella jornada no estuvo en las oficinas de la Capital Federal, sino frente a las imponentes naves de la Basílica de Luján.
El viaje en el tren de Perón
Pasadas las 12 del mediodía, el Santo Padre inició su raid hacia la ciudad de Luján. El traslado se realizó en el emblemático coche presidencial ferroviario, construido en 1954 por la empresa holandesa Werskpoor a pedido de Juan Domingo Perón (quien paradójicamente nunca llegó a utilizarlo).
La formación —que contaba con camarotes principales y un lujoso salón comedor— realizó una única parada intermedia en la estación de Morón. Allí, junto a Luján, los únicos dos puntos del Gran Buenos Aires bendecidos con la presencia del Papa en esa gira, monseñor Justo Laguna y el intendente local le obsequiaron una imagen de la Virgen del Buen Viaje tallada en plata. Mientras tanto, en las trincheras del sur, los soldados argentinos seguían los movimientos del Pontífice pegados a las radios.
Un mar de 700.000 almas y la Rosa de Oro
Al arribar a la estación de Luján, Juan Pablo II continuó su camino en coche acompañado por el obispo monseñor Emilio Ogñenovich. Al aproximarse a la plaza, el panorama era imponente: una multitud estimada en 700.000 fieles desbordaba cada rincón, desafiando el clima y la censura de la época.
Frente a la Basílica nacional, el Papa ofició una emotiva misa sobre un altar especialmente montado para la ocasión. Durante la ceremonia, en la que se utilizaron 400 copones y 80.000 hostias, Wojtyla le obsequió a la Virgen la Rosa de Oro, una altísima distinción traída directamente desde Roma.
"En su homilía, el Santo Padre exhortó a imitar a Cristo, pidió fervientemente por los muertos en la guerra de las islas y rogó por la rápida terminación del conflicto bélico".
El plan "B": un rechazo al blindado y el viaje en "bondi"
El quiebre del protocolo y el momento más pintoresco de la jornada ocurrió al finalizar la Eucaristía. La Policía intentó evacuar al Papa en un Ford Fairlane blindado y de vidrios polarizados provisto por el Gobierno militar. Sin embargo, fiel a su estilo carismático, Juan Pablo II se negó rotundamente: él quería estar cerca de su pueblo.
Ante la negativa, los obispos activaron un plan de emergencia. En los alrededores aguardaban tres colectivos Mercedes Benz 1114, un clásico modelo de trompa redondeada de los años 80. El elegido fue el interno 1 de la línea 501 (de la empresa Libertador San Martín), conducido por el chofer Ángel Milán.
Tras una exhaustiva requisa policial, Milán tapó los carteles de su recorrido habitual con banderas argentinas. Sentado en una silla de pana al lado del conductor, y rodeado de obispos, Juan Pablo II vivió la inédita experiencia de "viajar en bondi" por las calles lujanenses, bendiciendo a una multitud que no salía de su asombro. Antes de descender en la estación para regresar a Buenos Aires, el Papa le regaló un rosario al chofer, con quien luego mantendría correspondencia epistolar.
A 44 años de aquel hito, el recuerdo de las 31 horas de Juan Pablo II en Argentina, y en especial su paso por Luján, perdura no solo como un acontecimiento de enorme magnitud fe, sino como el día en que un colectivo de línea y un mensaje de paz le ganaron la pulseada a la rigidez de la guerra.